La útil inutilidad de la filosofía

Por Miguel Angél  Iturbe•Humanidades

Reina entre nosotros quizá, pero no por nuestra culpa, la idea de que la filosofía no trae ningún beneficio a quien le dedica su estudio. Es urgente que erradiquemos esa idea de nuestra juventud, porque cuanto antes se entienda el bien que reporta la filosofía, más pronto podremos salir de esta crisis. Eliminar el absurdo de que la filosofía es algo inútil y aprestarnos a estudiarla, sea cual sea la ciencia a la que nos dediquemos, nos ahorrará abrazar errores en la vida y nos dispondrá mejor para el difícil camino hacia la verdad. Créeme amable lector: cualquiera que realice un examen sobre su vida llegará tarde o temprano a topar con la filosofía; cualquiera que revise los presupuestos sobre los que se asienta la ciencia, lo mismo.

En qué sentido digo que la filosofía es útil. Para ser preciso, indico que ninguna ciencia, en cuanto tal, es útil. La utilidad es algo que corresponde al campo de la acción, y la ciencia, como tal, es pura contemplación. Cualquier ciencia, en cuanto ciencia, es tan inútil como se dice que es la filosofía, pero si se considera a cada una, en cuanto a la capacidad que tiene para dirigir la acción, la filosofía resulta ser la más útil entre las ciencias. Si nuestra sociedad ha llegado a juzgar de inútil a la filosofía y de útiles a las otras ciencias, no es sino porque lo ha hecho desde un criterio inadecuado, en cuanto son apreciadas por el modo de producción actual.

El error de este prejuicio falso, de que la filosofía no sirve, pudiera justificarse a partir de una verdad acerca de ella. Para entender esto, veamos dos modos en los que debe ser entendido el quehacer filosófico: uno, en el orden de la investigación, en el que la filosofía no es útil y no necesita serlo; otro, en el orden de la implicación que suscita el estudio, en el que la filosofía afecta el espíritu de quien la ejerce, proporcionándole una utilidad que transforma su vida.

Respecto del primer punto he de decir que la filosofía no tiene que ser útil para ser valiosa, pues su valor no radica en ser un medio para algo más, cosa extraña para nuestra cultura, sino en su capacidad para aprehender el valor absoluto que es la verdad, a la que ella persigue. La filosofía es, de hecho, una búsqueda desinteresada de la verdad; para qué sirva la verdad es cosa que a la filosofía no le ocupa, sólo desea conocerla, contemplarla, amarla, porque amándola da a la inteligencia el alimento que a ésta le hace falta.

Respecto del segundo punto, digo que si se es consciente del valor de la filosofía, se verá consecuentemente su utilidad. En efecto, la filosofía no vale en razón del servicio que pueda proporcionar, no se busca con miras a otra cosa que no sea ella misma, pero es útil. Es curioso que siendo la filosofía una ciencia que no tiene por fin otra cosa que no sea la contemplación de la verdad, termine siendo quizá la más útil de todas las ciencias, y es que si por “utilidad” entendemos la capacidad para servir a un fin determinado, la filosofía, que es vivida por el filósofo que la ejerce en su reflexión, termina sirviendo al mayor fin de todos. Justamente, si la vida tiene un fin -pobre de aquel que piense que su vida es un sinsentido-, no se descubre éste por ninguna ciencia fáctica, pues el fin de una cosa no reside en el hecho, como si de otra cosa entre las cosas se tratara, y sólo es descubierto por la especulación filosófica. Luego, la filosofía vivida es útil para la consecución de la finalidad de la propia existencia del filósofo.

Veamos, las técnicas nos son útiles en el corto plazo, en la aplicación inmediata, en cuanto ordenan la acción a la consecución eficiente de un determinado efecto. Las ciencias nos son útiles porque nos dan a conocer verdades que nos permiten manipular, mediante la técnica, la cercana realidad. En cambio, la filosofía es útil en el largo plazo, porque termina dirigiendo el modo de vivir de quien la practica, de acuerdo al fin debido que la misma filosofía muestra, y al proponer un fin último al que se debe la vida, establece y ordena la acción y el obrar que ha de perseguir el individuo y el conjunto de la sociedad en cada aspecto de la vida.

El hombre, cuando piensa, piensa lo que es o puede ser. Por eso no hay mayor ciencia que aquélla que tiene por objeto al ser, es decir, al objeto presente en cualquier pensamiento, porque si toda ciencia nace del pensamiento, no habrá mayor ciencia sino aquella que tiene por objeto al objeto de cualquier pensamiento, es decir, al ser, sin más. Ahora bien, la filosofía es la ciencia que estudia al ser, y tal es el motivo por el que no tenga que servir o ser útil, porque estudia aquello que de base tiene cualquier investigación particular sobre la que pueda asentarse una acción efectuada conscientemente para producir un cierto efecto deseado.  

Digamos pues, para entendernos en términos sencillos, que la filosofía es la ciencia que estudia a los cimientos de la existencia y también, puesto que es autocrítica y reflexiva, a los cimientos del saber. Mas como los cimientos de la existencia no se conocen en el mismo orden en que se realiza la construcción de ésta, sino en el orden de la investigación, lo útil, en dicho orden, resulta ser aquello que me sirve para conocer los cimientos y no aquello que me da a conocer dichos cimientos. Es en este sentido, en el de su propio orden contemplativo o especulativo, en el orden teórico de la investigación que se dirige a descubrir las razones últimas de las cosas, es en el que la filosofía no es útil, ni necesita serlo, no es su propósito.

Pero, ¿no se verá enriquecida la inteligencia de quien estudiando la filosofía llega a conocer la estructura sobre la que se asienta la realidad? Me parece que sí, porque para qué otra cosa puede servir la inteligencia que para conocer, y no se conoce sino lo que es. Y lo que es, lo es por el ser y, por tanto, la filosofía que llega conocer lo propio del ser, llega a conocer también el orden de la realidad misma, en la que dicho ser se encuentra participado. Por eso, es correcto definir al filósofo como una persona que sabe ordenar, porque estudiando ha reconocido el orden de lo real, al que no puede sino seguir.

Qué puede haber, pues, más útil que aquello que enseña al hombre a utilizar su espíritu, a dirigirlo y a conocerlo. Qué ciencia más útil puede haber que la que enseña a ordenar el pensamiento, a trabajar la razón y a forjar el espíritu. Qué mayor servicio puede haber que la que presta la filosofía, que enseña a conocer que el bien es algo cierto y objetivo y descubre lo que es realmente la libertad y la justicia. Es en este orden, en el de la implicación que tiene el conocimiento en el sujeto, el cual sufre una transformación de su espíritu al adquirir el conocimiento, en el que la filosofía sí es útil. La filosofía actualiza lo que de potencial humano tenemos en nosotros.

A decir verdad, la filosofía es la mayor ciencia de todas, la más rigurosa, la más exacta y la más útil. Es el estudio más bello y el más difícil. La filosofía es la profesión más ardua, porque la filosofía es amar y vivir conforme a la verdad. Es de temer; hay que ser valiente para estudiarla, porque la verdad exige demasiado y hay que aprender a dominar los apetitos, algo que cuesta trabajo. La raíz de nuestros problemas no es una cuestión técnica, sino una cuestión de corrupción de nuestro espíritu, y la filosofía puede ayudar a sanarlo.  La filosofía busca la verdad eminente y, por eso, no requiere ser útil para ser valiosa; la verdad vale por sí misma, pero buscando la verdad eminente, ésta se hace útil para ordenar el pensamiento, que es el principio de toda transformación consciente y ordenada de la realidad.

Una respuesta a “La útil inutilidad de la filosofía”

Deja tus comentarios: